Somos dueños de lo que decimos y esclavos de lo que callamos.
Avril 20, 2008
Anorexia mental
Por la mañana, cuando mis pensamientos aún duermen, no siento preocupación por nada. Casi nada que me pueda amargar ese momento, tan solo el tiempo que me arranca de entre mis sábanas para empezar un nuevo día. Poco después comienzo a escucharlos hablar, extraños ciudadanos en huelga de hambre, que habitan entre mis neuronas... Mis pensamientos se han despertado y me hacen buscar cualquier pretexto para seguir dormida y no mezclarme con el nuevo día. Mientras, se asoma por mi ventana, una larga semana que se insinúa violenta, por mis pocas ganas de empezar, y va tirando de mis mantas.
Una vez en pie, encuentro mi cara de póquer escurriéndose frente al espejo, la miro y le digo: Otra vez tú. Como si en una noche fuera a cambiar mi expresión. En pocos minutos mis pensamientos ya se han extendido por todo mi cuerpo, manando por todos los poros de mi piel, empujándome de nuevo a arrojarme en mi cama. Pero si lo hago, al momento asomará el ceño la culpa. Ahí estará señalándome con el dedo, recordándome que hoy he vuelto a fracasar.
Por la tarde, la energía comienza a escamparse en todas direcciones. Se va alejando de mí sin importarle que mi situación quede en off. Da igual que todavía queden horas para acabar el día, tengo que seguir de pie, no importa como, ni de que manera, pero ella decide terminar la jornada sin contar conmigo...
Cuando por fin empieza a anochecer, busco cualquier excusa para no meterme en la cama. Me incomoda ver a la soledad esperándome como cada noche allí... ¿Acaso es ella la culpable de que en mi cuerpo existan dos pies izquierdos y de que la vida me vaya dando a cuenta gotas, la justa medida de las cosas?
Salut!!! (Comment this)