La vida vale la pena vivirla... a pesar de esos momentos en los que te sientes solo, cuando crees que nadie va a entender a la velocidad que circulan los pensamientos por tu cabeza; nadie va a saber como encajar según que cosas; nadie se va a hacer cargo de tus problemas, tan sólo tu, en ese momento de incerteza, de huracán de ideas que asombran, del vaivén y subibaja de tu estado de ánimo... nadie va a estar ahí, y si están pasaran sigilosamente por tu alrededor, porque al fin y al cabo no están dentro de ti para entender y para sentir, solo estás tú. Interiorizas y te mentalizas que estás sola en esto. Descubres que todo lo que entendías como fracasos propios, no han sido más que errores que has cometido. Uno detrás de otro.
Solo estás tú para confirmarte que esos resbalones, se debieron al camino desafortunado que escogiste. Pero en la vida hay que elegir, y no es fácil, sobretodo cuando por naturaleza eres indeciso e inseguro, cualquier cruce de caminos puede ser una trampa mortal para roedores y, decides elegir a ojos cerrados, con prisas y desordenadamente para salirte del aprieto. Al momento pareces ver la luz del sol pero, poco a poco, te vas dando cuenta que otra vez volviste a cometer otro fatal error. Quizá tendrías que haberte quedado por más tiempo en la trampa, aunque doliera, y elegir cautelosamente por que camino tirar.
Ya no hay remedio, no hay que volver la vista para atrás. Sigue caminando como puedas y aunque la oscuridad del sendero te impida ver, abre bien los ojos y presta atención a todos esos detallitos que pasan desapercibidos pero hacen que todo sea menos espinoso y oscuro: una mirada, una sonrisa, una palabra, un abrazo.... El final de ese camino llegará... pero volverás a encontrar otro cruce dónde tengas que decidir. Quizá esta vez repares más en el tiempo y analices mejor las posibles alternativas a tu elección. La perseverancia hace a los valientes, ya que antes han tenido que caer unas cuantas veces, por eso mismo, por no darse por vencido ante los contratiempos y a tener el culo lastimado de tanto resbalar en el mismo charco.