Al final, números rojos en la cuenta del olvido.
Hoy leo un artículo que me lleva a reflexionar frímente sobre las locuras que se pasean a menudo por mi cabeza, esas que aparecen por arte de magia, sin ser avisada, y que al momento no me parecen tan descabelladas, pero que a medida que pasan los minutos se enfrían. Me detengo un momento en la pregunta: ¿como mejorará la vida a partir del día después? Pero ¿que pasa cuando no hay un día después? cuando el día siguiente es una ramificación del siguiente, del siguiente al siguiente y así sucesivamente... cuando el gran cambio que esperas para esos días acaba por no aterrizar. Pero, que se puede esperar de alguien que responde a una pregunta con otra pregunta. Te propones sobradamente dar la vuelta al marcador para cambiar el resultado a los errores y aciertos y lo único que consigues es cambiarte la camisa con el equipo contrario como demostración que aceptas la derrota, como buena perdedora.
Es como si llevara años sin oler el agua de la ducha, depositando en cada poro de mi piel toda la porquería de mi vida, y cada mañana me pusiera ropa recién sacada de la lavadora o por estrenar... al final vuelve a ensuciarse más de lo común y me pregunto: ¿Porque no me habré duchado antes? Que ironía. Tan obsesionada con el dolor que he acabado por poner tiritas antes de que exista la herida... si!! Eso es lo que he escuchado durante años y soy bastante cumplidora con los dichos populares, y es que más vale prevenir que curar...
Conlusión: La vida es como un rompecabezas en que cada pieza es un experiencia, a veces unas encajan y otras no, y ésta... ésta no encaja.

