Yo y a veces, yo misma.
Hace días que solo escucho tu silencioso lamento... es como si cada vez nuestra alianza se fuera descomponiendo más y más. Todavía te dura el enfado, sigues en pie de guerra, en estado de alerta, a la defensiva, esperando para cuando de mi boca salgan palabras como puñales, que se te claven, que se me calven.... Si volvieras a pegarte a mi, si volviera a ser la de hace años, todo lo concebiría de una forma más armónica y natural pero, ¿que es lo natural? aquella época en que tu y yo éramos uno mismo. Una época en que no despreciabas el carácter que hoy rechazas... y te olvidas de mí y de tí, de tu interior, del gran equipo que formábamos.
¿Te he fallado? lo siento, perdón por la ignorancia de no darme cuenta que, cada vez que oigo ese nombre se frunce mi ceño, reapareciendo tú, emprendiendo una nueva escapada, tratando de no dejar que me quede aislada del tema, porque mis argumentos ya, quedaron bajo tierra... sintiéndome de nuevo sola, que es igual a miedo, batallando de nuevo contigo, conmigo, con un extraño. Todo en cuestión de segundos se tuerce, haciéndose perpetuo y agravado, interminables décimas de segundos en los que solo puedo atender al silencio tintinando en los vacíos rincones de mi vida, de la tuya, de la de ambos.

