Somos dueños de lo que decimos y esclavos de lo que callamos.
Junio 26, 2008
¿Que tal estás?
Personas con las que tropiezas que hace tan solo apenas unos años que no veías y, parece como si hubieran pasado siglos. El transcurso de los años, pienso, le da a cada uno lo que buscaba o como mínimo con lo que esperaba encontrarse... Y te preguntan al cruzarte por la misma calle, por el mismo recorrido que tantas tardes habíamos hecho al volver del instituto: ¿Que tal estás? siempre respondo lo mismo. Muy bien. Como si mi vida de hoy era lo que siempre había envidiado en otros. ¿A caso me quedaba otra opción? Cuando bajo la vista y me encuentro un carrito con un precioso bebé en él... ¿A caso le he preguntado a mi cabeza si era eso lo que quería responder? Lo justo para hacer un breve resumen, estudios, trabajo y.... en fin, siempre se van con prisas, alguien les espera en casa. Entonces sonrío y al darles la espalda... otra vez me quedo a solas con mi realidad. ¿Quizá esté dejando pasar por pasar el tiempo? ¿Quizá todavía no me haya planteado la vida como debiera? ¿Quizá si sea el camino correcto y todavía soy dueña de mi paso al caminar? No se. Solo se que la sensación de vacío al dar media vuelta se expande a gran caudal, por los ventrículos de mi corazón.
Que las cosas parezcan distintas siendo las mismas, es un hecho. Como que el verano ya está aquí, y mis ganas de sol y de despegarme de la ropa, son vagas. Que mi expectación por las vacaciones y salir de la rutina, que he colocado como un escudo, es ridícula y, que la esperanza de cerrar algunos episodios de mi vida es diminuta, aunque debiera, me cuesta.
Últimamente me he visto a mi misma muchas veces repitiendo esa palabra... adiós... Adiós a un espacio de mi vida, adiós a compadecerme del fracaso, de mis suspensos, adiós a mis palabras, que se quedan en nada, a éste blog... adiós al amor, a las ganas de compartir, a dormir acompañada, adiós aunque me duela... Y para cuando se acerca el momento, reculo y echo a correr, pues solo es en la imaginación donde me hago valiente para acuñarme unos tacones, algo tan lejos de mis circunstancias.
La realidad es que me cuesta imaginar una vida entera condenada a estar sola, sola en medio de un montón de gente, y que volveré a sentarme como siempre, a tomar café, en el mismo sitio y con las mismas personas, que colocaré el periódico en medio de la mesa como un muro y como cómplice de mis delirios mentales, mientras remuevo en la taza buscando los posos, intentando descifrar alguna señal que quizá no exista, algo que me aleje de este presente ensordecedor de silencio, saturado de verdades incómodas...
Comentarios Recientes
Es muy profundo todo lo que he leido.