Abrigo largo, para taparse los fracasos…
Entró por la puerta con los ojos morados y bañados en lágrimas. Desolada, cabizbaja y con el corazón en mil pedazos.
Sola! Sola! -Se lamentaba mientras cruzaba la puerta tragando saliva para poder articular palabra. No he podido con la tristeza y me he saltado las formalidades. Se que debía ser fuerte pero no he podido. He dejado atrás el mostrador y le he pedido calma. ¿Calma? ¡Que absurda me siento! Como podía pedirle serenidad con la cruz que carga en sus hombros. No estaba en mis manos lo que ella me pedía pero lo he intentado, quizá podría haber hecho más. No se.
Mientras cruzábamos el pasillo, me seguía a un paso por detrás, con lentitud, recostándose en las paredes. Y me imaginé la soledad de su casa, cerrando la ventana para no respirar el olor a sobremesa y no absorber esa esencia que solo nombra al recuerdo… Me la imaginé en esa habitación desierta, con el sonido de la televisión, sentada en el sofá, mirando hacia el otro lado, hacia el rincón vacío que solo le induce a la ausencia, en su casa, al abrir la nevera, al cocinar para dos… en su corazón. Sintiéndose frágil y anciana entre esas cuatro paredes y nadie que venga a socorrerla. En el abandono.
Al marcharse me ha regalado una sonrisa, de esas que te calan hasta el fondo, y me ha recompensado con un beso acompañando a un… ¡¡Para que tengas suerte… se que la vas a tener!! Se marchó igual que vino, con los ojos adormecidos, cojeando y entre suspiros.
Ella hoy me ha enseñado. Ha despertado en mí el gigante que lleva tiempo dormido. Se que estoy perdiendo el tiempo en este lugar, porque he sentido unas ganas horribles de salir corriendo detrás de ella.
This entry was posted on Tuesday, November 4th, 2008 at 23:00 and is filed under 1. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed.
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Mario Says:
Que decir…
No suelo entender ese miedo endémico a la soledad, si ella no hiere!!!
Salut!!
Anonymous Says:
En mi opinión, la soledad impuesta, hiere… la soledad que va cogida de la mano del abandono. A esa me estoy refiriendo. No, a la soledad que eliges, esa es placentera, por que eres tú quién decide quedarse en ella.
Saludos!!
Pilina
Mario Says:
¿Pero la soledad se elige? Simplemente, creo que siempre es impuesta… Pero no hay más remedio que aceptarla, sin más. Se hace dura, y suele ser dolorosa, pero no hiere, los que nos herimos y somos capaces de herir somos nosotros mismos, no hay otra (vaya, no deja de ser un punto de vista personal, sin nada de verdad absoluta, ni relativa)…
Salut!!
Anonymous Says:
Dificil… es a veces todo cuando no se mira a través de la chispa que enciende el ánimo simplemente, o la pasión o el deseo de hacer (simplemente llamar por tele´fono reconforta bastante). No sé, es triste pensar así, o desesperado si no hay nadie al otro lado.