¿Que duele más la verdad o la mentira?
Es una pregunta que me hago a menudo… y que arrojo en la balanza con bastante asiduidad. He de decir que he sufrido ambas en mi pellejo, y que sabría muy bien cuál elegir. ¿Que prefiero una verdad punzante pero cierta, y que tarde o temprano acabaré superando? o mejor ¿una mentira enmascarando la verdad, que cuánto más tiempo pasa, más retorcida se vuelve, y más evidente se hace? Una mentira que va deshilachando poco a poco la verdad, hasta darte las respuestas a tus porqués sin asistencia de otras manos… Una mentira que con el tiempo ni se olvida ni se perdona. ¿O una verdad que acaba por ser digerida y perdonada, posiblemente por la sinceridad y la valentía con la que se dijo, porque el tiempo lo cura todo?
Para ser sincera, a la mentira lo único bueno que le veo, es que te enseña. Te muestra el lado más sombrío de las persona y el desengaño. ¿Que es lo que nos puede llevar a generar la situación de engaño? Quizá la principal es el temor a asumir algo de lo que ni nosotros mismos nos sentimos cómodos ni mucho menos orgullosos… y sobretodo por como actuará o le sentará a la persona a la que le estás vendiendo la moto. Pero… mientras engañas también te estás engañando a ti mismo y te haces prisionero de esa misma falsedad que compartes.
¿Y por cuánto tiempo puede durar una mentira? Depende de las tretas y el estómago que tenga quién la engendra. O depende de la torpedad con la que se exponga. Es un arma de doble filo, porque mientras dura la farsa van tomando forma el rencor, el resentimiento y el desánimo hasta que se consigue dar a luz a la verdad. Aunque si partimos de la base de que no existe la verdad absoluta, cada uno es dueño de un trocito de verdad…. ¿Quién miente y quién dice la verdad?
Nunca saco conclusiones pero esta vez opto por ser sincera aunque duela. Así que fuerza y valentía. Es mejor un bofetón por ser sincero que el desprecio de por vida por mentiroso. Mi humilde opinión.
“Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”
La mentira nunca fue un buen negocio, pero no creo en la dicotomía verdad/mentira. Siempre hay una tercera vía, que no deja de ser una mentira encubierta o una verdad a medias: el silencio. Siempre he pensado que somos dueños de nuestros silencios y esclavos de nuestras palabras (completamente del revés que la frase que encabeza tu blog).
Lo que está claro (bajo mi punto de vista) es que no se miente a terceros (se les decepciona que es peor), como muy bien dices, nos engañamos a nosotros mismos, somos tan auténticamente patéticos que no somos capaces de darnos cuenta de esto hasta que el tsunami que provoca la mentira lo arrasa todo.
Todos hemos sido víctima y verdugo de la mentira…
Es preferible el golpe de una verdad que el dolor de una mentira…
Salut!!