Diciembre 20, 2007

Contempla con ojos radiantes el mundo que te rodea, porque los mayores secretos se esconden siempre donde menos se piensa. El que no cree en la magia nunca la encontrará.

Voy a parar en el camino y en lo que dura un cigarrito voy a pensar en estos años; todo lo que ha pasado... En el cajón de la memoria guardo trocitos de la historia; las páginas que ya han pasado de un libro incacabado... Cantar sabiendo lo que dices, es tarde para arrepentirse, pensar a veces que no hay nada, que son sólo cicatrices. Es mejor, que se pare el tren, y mirar que todo va bien, que si no, no me entero....

...Y lo que otros piensen quizá no me interese. ¡¡Hoy quiero ver tus ojos para tocar más fuerte!!


(Platero y tu)

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Diciembre 19, 2007

EL BUSCADOR

Esta es la historia de un hombre al que yo definiría como buscador. Un buscador es alguien que busca. No necesariamente es alguien que encuentra. Tampoco es alguien que sabe lo que está buscando. Es simplemente alguien para quien su vida es una búsqueda.

Un día nuestro Buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de Kammir. Él había aprendido a hacer caso riguroso a esas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo, así que dejó todo y partió. Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos, divisó Kammir a lo lejos, pero un poco antes de llegar al pueblo, una colina a la derecha del sendero le llamó la atención. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores encantadoras. Estaba rodeaba por completo por una especie de valla pequeña de madera lustrada, y una portezuela de bronce lo invitaba a entrar
. De pronto sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en ese lugar.

El Buscador traspasó el portal y empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como por azar entre los árboles. Dejó que sus ojos, que eran los de un buscador, pasearan por el lugar... y quizá por eso descubrió, sobre una de las piedras, aquella inscripción. “Abedul Tare, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días”. Se sobrecogió un poco al darse cuenta de que esa piedra no era simplemente una piedra. Era una lápida, y sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en ese lugar… 

Mirando a su alrededor, el hombre se dio cuenta de que la piedra de al lado también tenía una inscripción. Al acercarse a leerla, descifró: “Lamar Kalib, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas”. El buscador se sintió terriblemente conmocionado. Este hermoso lugar era un cementerio y cada piedra una lápida. Todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto, pero lo que lo contactó con el espanto, fue comprobar que, el que más tiempo había vivido, apenas sobrepasaba 11 años. Embargado por un dolor terrible, se sentó y se puso a llorar. 

El cuidador del cementerio pasaba por ahí y se acercó, lo miró llorar por un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar.
- No, ningún familiar – dijo el buscador - Pero... ¿qué pasa con este pueblo? ¿Qué cosa tan terrible hay en esta ciudad? ¿Por qué tantos niños muertos enterrados en este lugar? ¿Cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente, que lo ha obligado a construir un cementerio de niños?

El anciano cuidador sonrió y dijo: 
"Puede usted serenarse, no hay tal maldición, lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré... Cuando un joven cumple quince años, sus padres le regalan una libreta, como ésta que tengo aquí, colgando del cuello, y es tradición entre nosotros que, a partir de entonces, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abra la libreta y anote en ella: a la izquierda, qué fue lo disfrutado…, a la derecha, cuanto tiempo duró ese gozo. ¿Conoció a su novia y se enamoró de ella? ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla? ¿Una semana, dos? ¿tres semanas y media? Y después… la emoción del primer beso, ¿cuánto duró? ¿El minuto y medio del beso? ¿Dos días? ¿Una semana? ¿Y el embarazo o el nacimiento del primer hijo? ¿y el casamiento de los amigos? ¿y el viaje más deseado? ¿y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano? ¿Cuánto duró el disfrutar de estas situaciones? ¿horas? ¿días?…

Así vamos anotando en la libreta cada momento, cada gozo, cada sentimiento pleno e intenso... y cuando alguien se muere, es nuestra costumbre abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado, para escribirlo sobre su tumba. Porque ése es, para nosotros, el único y verdadero tiempo vivido."


(Jorge Bucay)

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Diciembre 17, 2007

Dulce Navidad!!

Otro día más, que se va del calendario mientras grita que no va a volver jamás... y otro día más apurándose exhausto, preparándose para formar parte de otro archivo más. Creo que tengo que empezar a dejar de andarme por las ramas a la hora de escribir. Puede ser que tenga razón mi profe de literatura y que dé diez mil rodeos para decir simplemente, que hoy el día se acaba.

Supongo que  hago una calcomanía de lo que sucede en mi vida. Doy cien mil vueltas hasta llegar al final, esa necesidad de no querer llegar al punto en que concluya, de querer dejar las cosas siempre entre líneas para que duren.  Como una fotografía a la que el tiempo la difumina desfigurando lo que una vez ocurrió en aquel preciso instante, dejando ya... solo vagos recuerdos. Pero que sigue quedando una imagen de lo que pudo haber sido.

Lo he vuelto hacer.
He vuelto a encerrar otro fin.

Lo siento, pero a estas horas de la noche, todo son palabras circulando en todas direcciones, que le voy a hacer, si mi cabeza si que encuentra el sentido, pero que no se como hacerlas encajar en el papel.

Después de un largo día caótico y desenfrenado , de aquí para allá, de gentes y más gentes con las que te cruzas al cabo del día, cientos de voces repiqueteando en mi cabeza, conversaciones indiscretas que no quisiera haber escuchado... pero que irremediablemente, me acabo enganchando a ellas como si se tratara de mi propia existencia. Todas tienen algo en común, desahogos en un momento del día, y gritan, y gritan... ¡¡Ya basta!! Trabajo, comer, trabajo, dormir, trabajo, obligaciones....  ¡Que paren el mundo que yo me bajo!! Parece como si cada vez el mundo bailara más deprisa, enloquecidos por la Navidad , con un ánimo cada vez más consumista, al que debo decir, me incluyo, parece que el tiempo se vaya a acabar... llevan meses anunciando la Navidad , en estos últimos años se han avanzado las fechas con casi dos meses de antelación.

¿Quién se acuerda ya del significado de la Navidad ? Y no es que quiera hacer una crítica a todos los mortales... siempre que hay que hablar de alguien hay que empezar por uno mismo. Y esa soy yo. Precisamente la que se incluye en esta sociedad, que cada vez entiende menos, que lo trascendental es hincharse a comprar, hasta dejar temblando la paga extra, que para algo la pagan... luego llega la cuesta de enero, como si con eso no hubiéramos contado, y te acuerdas de que no te ibas a parar a mirar precios en Navidad... ¡da igual que cueste el doble de lo que costaba antes! Los más peques esperan ansiosos al igual que los adultos ese día tan... ¿mágico? y no precisamente por que tal día llegaron los reyes  magos a Belén porque había nacido un niño,  ¿a quién le importa Jesús? Ansias de abrir regalos y más regalos, de beber y comer.... y ser felices, aunque todo sea una fiebre provocada por estas fiestas, ¡¡que importa!!

Ahora que llega la época de la concordia y armonía, todo el mundo quiere estar en unión, como si el resto del año no existiera, tan solo subsistiéramos, sencillamente... permaneciéramos. Todos con el disfraz de humildad puesto para no pensar en la soberbia ni mucho menos en la vanidad, que  en estas fechas no toca, eso queda reservado  para los  350 días restantes. Nos ponemos las máscaras (para algunos la nariz de payaso),  
¡y a sonreír se ha dicho!
  
Posted by PILINA at 23:45:00 | Permanent Link | Comments (0) |