¿De qué sirven las páginas del pasado sin escribir?
Siendo yo el director de tus palabras, de tus lamentos, de tu culpa... diseñador de tu imaginación, ilusiones y sueños, guardián de tus recuerdos, dueño de tus emociones, memoria y sentimientos, cómplice de tu rutina... nos condeno a vivir unidos hasta el final de nuestros días. Sin poder desprendernos nunca el uno del otro, en el fin, desaparecerás sin remedio algún día y, llegado ese momento... yo, sin tí, habré dejado también de existir...


