La vida te lleva por caminos raros..

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La vida te lleva por caminos raros
por la esquina mas perdida de los mapas
por canciones que tú nunca has cantado
la vida te lleva por caminos raros.
La vida se acerca con los labios pintados
te elige siempre y se larga con otros
y así vamos siempre dando vueltas
la vida te elije con los labios pintados
Siempre hay algún bar que se llama Las Vegas
en alguna parte, en alguna parte
y siempre hay algún trozo averiado del día
que no puedes borrar pero te gustaría.
Siempre voy al bar del aeropuerto
cuando quiero ponerme triste
y siempre pido y nunca tienen
aquellas galletitas de la suerte.
Mirando las gotas estrellarse
como golondrinas en la noche
como pequeños sueños con el ala rota
como pequeños sueños con el ala rota.
Dime qué hay detrás de esas sonrisas tan tristes
un motor que no funciona o sólo corazones rotos
es mejor un cielo acostumbrado a defraudar
que fábricas de anhelos esparcidas en la noche.
Es mejor unos labios tristes
que cien aviones despegando
y es mucho mejor mi vida
si tú estás dentro.

(Quique González)



Al fin ya te encontré…

Considerarme mejor amiga de alguien para mí, siempre fue mucho más lejos del simple hecho de compartir. Con el tiempo, vas descubriendo que nadie te hace reír, ni te comprende, ni te apoya en las alegrías y en las tristezas como tu mejor amigo.

 

Con el tiempo te vuelves más exigente y no es tan fácil regalar ese sentimiento como en otros años de tu vida, a cualquiera que te diga palabras tiernas y bonitas… Cuando vas entrando en edad, exiges mucho más. Aunque caes en la cuenta, eso si, que el príncipe azul nunca llegará subido en su corcel blanco, si que sigues ansiando encontrar un modelo de relación perfecta, un modelo de igual a igual, en que ninguno de los dos sea sumiso del otro, en que los dos jueguen del mismo bando por un bien común, y eso solo lo logré encontrar en mi mejor amigo.

 

Muchos pueden pensar que es una locura, ¿quién nos manda enamorarnos de esa persona que te ha visto devorar croissants de chocolate a media noche en plena crisis de ansiedad? o ¿de esa persona  que te aguantaba del brazo cuando bebías unas copillas de más?, o bien ¿el que se ha armado de paciencia para soportar tus interminables historias hasta altas horas de la noche, en momentos que ya no atiendes a razones y te vuelves insoportable? Ese fue mi mejor amigo.

 

Y es que al igual que yo, muchas personas, tenemos esa gran virtud de enamorarnos cuando no toca y de la forma más tonta, contra más imposible es el reto más ansiado se vuelve. Pero por suerte, algunas veces  la vida te sorprende de una forma tan inexplicable y fantástica como confusa…



Hay que tomar a las personas como son, no existen otras.

A lo largo de nuestra vida son muchas las personas que pasan por ella. Unas se cruzan, otras se paran momentáneamente y otras te acompañan en el largo camino, siempre y sin flaquear ni un solo instante. Otras son,  las que solo compartes segundos de tu vida, o por que la rutina te hace encontrarte con ellas a diario, y que acaban por hacerse conocidas sin llegar a mediar nunca una palabra.

 

Pero hablando de las personas, hoy quiero hacer hincapié en las que se quedan para siempre. Es muy afortunado aquel,  un lujo podríamos decir,  y más en los tiempos que corren de individualismo, egoísmo  y de “que cada uno, aguante su vela” tener un bien tan preciado como ese, personas duraderas en el tiempo,  que a pesar de todo, se sientan a tu lado una y otra vez,  te guardan un sitio y sobretodo se ponen delante de ti cuando soplan vientos huracanados.

 

Gracias a ese juez implacable como es el tiempo, aprendes a que las personas que circulan por tu vida, son parte de ella, aunque solo cruces tu mirada por unas décimas de segundo, aunque te hayan hecho derramar lágrimas y te hayan causado un tremendo daño, pues es el tiempo, el único capaz de dar las respuestas al porque tuvieron que estar en determinados momentos.

 

Porque es gracias al tiempo que yo entendí, que mi corazón tendría una segunda oportunidad.



Lo bueno de los años, es que curan cicatrices.

 

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Hoy voy a empezar un capítulo nuevo con el estreno de año y celebrando también que este año redondearé la edad y dejaré atrás los 20. Una transición que a mí solo me está aportando cosas positivas. Aunque yo soy de las que piensa que la edad es solo un número que no tiene porque marcar el compás del tiempo, porque la verdadera edad, es la que cada persona lleva por dentro.

 

 Ha transcurrido mucho tiempo ya desde mi despertar, mi renacimiento o mi nueva vida, sea lo que fuere, dió lugar a  mi resurgir. Recuerdo que desperté una mañana y en el intento de poner los pies en el suelo, me di cuenta que quedaban colgados en un gran abismo, permaneciendo suspendida en un hilo cada vez más fino. En ese abismo se desplomaban la felicidad, la confianza, la autoestima…. absolutamente todo se tambaleaba.

 

La realidad, cuando te encuentras en esas circunstancias, es bastante distinta a cuando caminas por el camino de la estabilidad y la rutina.  Con el tiempo he sabido comprender el mensaje que la vida me iba dictando, y el porque tenía que pasar,  si surgió en mi camino ese abismo fue porque di algún mal paso, y en consecuencia tuve el efecto a ese error. Causa-efecto. Y equivocarme a tiempo fue lo mejor que pudo haberme pasado. Hoy lo recuerdo así.

 

Lo mejor es cuando te conviertes en espectador de tu propia vida, pues supone el análisis a esas circunstancias en tercera persona, sin dolor, sin nostalgias, sin rabia… entonces puedes decir que te has curado del pasado y que ya no importa lo que ocurriera si no la suerte que tuve de que ocurriera. Ya no quedan interrogantes.

 

Cuestionas cualquier cosa que sea contraria a tu opinión. Te vuelves un poco más exigente contigo misma y con lo que te rodea, con el fin de  asegurarte que nunca más volverás a entrar en esa rueda. Esto supone olvidar la existencia del futuro, pues poner ilusiones en un futuro que no existe es ponerlas en un castillo de arena  y que, en cuanto suba la marea se lo llevará con él. Invertir el tiempo en ilusiones futuras y  que no dependan de ti,  es volver a tentar a ese abismo y hundirte con él.  

 

Una nueva etapa se abre ante mis ojos, y aunque prefiero no mirar a un futuro hipotético, si que pongo ilusiones, en nuevas expectativas, pero que esta vez si que dependan de mí.